Videoconsejo sobre los componentes que tienen con el objetivo de luchar contra los bulos y combatir la desinformación existente.
Una iniciativa de @Farmaceuticos_ y @medicinatelevision_tv con la colaboración de @GSK
La vacunación es la estrategia farmacoterapéutica que más vidas ha permitido salvar en la historia de la humanidad.
Sin embargo, este hecho no es suficiente para evitar que las vacunas sean uno de los medicamentos más susceptibles de verse afectados por los bulos y la desinformación.
Por ello, en este videoconsejo recogemos 5 bulos muy frecuentes sobre las vacunas que es importante que conozcas para contrarrestarlos.
El primer bulo. Las vacunas contienen productos tóxicos y peligrosos para la salud.
La realidad es que las vacunas, como todos los medicamentos, están sujetas a estrictos controles de calidad y seguridad por las agencias reguladoras que garantizan que su administración es, además de eficaz, segura.
La mayor parte de los componentes de una vacuna se han utilizado desde hace décadas de forma segura, o son de uso habitual en otros productos, tanto farmacéuticos como de otros tipos.
El segundo. Las vacunas son la causa del autismo.
El autismo y los trastornos del espectro autista suelen manifestarse en los primeros meses y años de vida.
Esto ha sido aprovechado por algunas personas para vincularlo con la vacunación en los niños. Sin embargo, existen múltiples estudios que descartan una asociación entre cualquier vacuna y el riesgo de padecer autismo, por lo que se puede afirmar que ese bulo carece de fundamento científico.
El tercero. Las vacunas frente a la COVID-19 contienen grafeno.
El grafeno no es un componente de estas vacunas, y así ha sido demostrado en numerosos estudios.
Además, sería fácil de detectar porque no es soluble en agua y les daría a las vacunas un aspecto turbio.
Cuarto bulo. Las vacunas de ARN mensajero pueden alterar el ADN.
Una afirmación falsa. Los componentes de estas vacunas no interaccionan con el ADN.
Se han hecho muchas pruebas preclínicas y clínicas con estas vacunas aprobadas para prevenir la COVID-19 grave que demuestran que el ARN mensajero se procesa fuera del núcleo celular, donde se encuentra el ADN.
Su administración permite la producción de la proteína (antígeno) de interés del coronavirus en el citoplasma de las células, que activa al sistema inmunitario en su reconocimiento.
Y quinto bulo. Las vacunas pueden provocar la enfermedad que se pretende prevenir.
Tras la administración de una vacuna, es frecuente que se produzcan reacciones como dolor de cabeza, fiebre o dolores musculares, que pueden asemejarse a una enfermedad infecciosa.
Sin embargo, esto es consecuencia de la activación del sistema inmunitario y los síntomas no suelen durar más de uno o dos días.
Siempre será más grave el desarrollo de la enfermedad infecciosa en las personas no protegidas por la vacunación.
Recuerda, pregunta siempre a tu farmacéutico de confianza. Te ayudaremos y resolveremos cualquier duda que tengas acerca de las vacunas.