Las incidencias en el suministro de medicamentos continúan siendo un problema estructural y sistémico en toda Europa, con las farmacias comunitarias asumiendo cada vez más el coste operativo y humano.

Así se ha puesto de relieve en la jornada “Garantizando la disponibilidad de medicamentos: los farmacéuticos y la resiliencia de la cadena de suministro europea” que la Agrupación Farmacéutica de la Unión Europea (PGEU por sus siglas en inglés) ha organizado en el Parlamento Europeo. Al acto ha asistido el presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos de España y tesorero de la organización, Jesús Aguilar.

 En el acto, la organización ha presentado el “Informe de la PGEU sobre los problemas en el suministro de medicamentos”. En él, reclama una acción coordinada y conjunta de la Unión Europea (UE) y los gobiernos de los países miembro para pasar de una respuesta reactiva ante las faltas de fármacos a una gestión basada en la prevención, la predicción y una mayor resiliencia en el suministro.

 El informe, en el que han participado los 27 países miembro que conforman la Unión Europea y los 4 que componen la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA por sus siglas en inglés), de la que son parte Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza; confirma que las faltas en el suministro de medicamentos no son una disrupción puntual, sino que se han convertido en un problema persistente en el panorama farmacéutico europeo.

 Según datos del estudio, el 96% de los países participantes reporta problemas en el suministro de medicamentos. Y de ellos, el 70% destaca que la situación se mantiene en un nivel alto que confirma que la problemática no ha mejorado respecto a 2024. Además, más de un tercio de los países participantes han reportado que, actualmente, hay más de 600 medicamentos en situación de escasez.

Los medicamentos esenciales no están protegidos frente a la inestabilidad

Las faltas de medicamentos afectan cada vez más a terapias clínicamente críticas, como medicamentos cardiovasculares, antibióticos, tratamientos oncológicos, insulinas, agonistas del receptor GLP-1 y fármacos para el sistema nervioso. Y en varios Estados miembros, una proporción significativa de las presentaciones están incluidas en listas de medicamentos críticos de los sistemas sanitarios de la UE, lo que demuestra que ni siquiera los fármacos esenciales están protegidos frente a la inestabilidad del suministro.

El impacto de estas faltas en la población es significativo. Según datos del informe, los Estados miembros de la UE informan que 9 de cada 10 pacientes notificaron interrupciones del tratamiento. Estos problemas reflejan, por primera vez, una caída de la confianza de la ciudadanía en la continuidad de sus tratamientos y los sistemas sanitarios. Además, los países reportan un aumento en las incidencias de tratamientos, incremento de los copagos, errores de medicación vinculados a cambios de tratamiento y, en algunos casos, reacciones adversas.

12 horas semanales a la gestión de incidencias

Las farmacias comunitarias actúan cada vez más como amortiguadores dentro de cadenas de suministro frágiles. De media, dedican una media de 12 horas semanales a gestionar las incidencias en el suministro, más del doble del tiempo empleado hace solo cinco años. Esto incluye la búsqueda de alternativas en el tratamiento, el contacto con prescriptores, el asesoramiento a los pacientes, la prevención de errores de medicación y la gestión de los requisitos administrativos. A este respecto, el 81 % de los países reporta un aumento de las cargas administrativas y de pérdidas económicas vinculadas al tiempo invertido en gestionar estas incidencias.

 El presidente de la PGEU, Mikołaj Konstanty, ha afirmado que, pese a que las incidencias se han estabilizado, el dato sigue siendo alto y se ha cronificado. “Ya no se trata de incidentes aislados, es una presión crónica sobre los pacientes, los farmacéuticos y los sistemas sanitarios. De hecho, los farmacéuticos comunitarios garantizan cada día la continuidad asistencial, pero la resiliencia no puede depender de que los profesionales de primera línea carguen con los fallos sistémicos”, ha señalado.

 Por ello, ha destacado el presidente de PGEU, debemos reforzar la seguridad del suministro, mejorar la capacidad predictiva y dotar a los farmacéuticos de las herramientas jurídicas y operativas necesarias para actuar con rapidez y seguridad. 

Aunque se observan algunas mejoras en la gobernanza (el 81% de los países dispone ahora de una definición referente a las incidencias en el suministro de medicamentos) y el 74% cuenta con sistemas de notificación accesibles para los farmacéuticos, como el Centro de Información sobre el Suministro de Medicamentos (CisMED) en España, persisten lagunas importantes.

 Según informa PGEU, los sistemas predictivos y de alerta temprana son desiguales o están en desarrollo en muchos Estados miembros. A ello se une que las notificaciones por parte de los farmacéuticos no siempre son posibles y rara vez están integradas digitalmente. Y la flexibilidad jurídica para gestionar las faltas varían considerablemente entre países. Además, solo el 15% de los países participantes permiten la sustitución terapéutica por parte de los farmacéuticos, lo que limita su capacidad para garantizar la continuidad asistencial cuando existen alternativas clínicamente apropiadas.

Impulsar un sistema basado en la anticipación y no en la reacción

Para abordar la naturaleza creciente y sistémica de la escasez de medicamentos, la PGEU propone:

  •  Refuerzo de la coordinación a nivel de la UE y de la resiliencia del suministro: implementar la Ley de Medicamentos Críticos, abordar las vulnerabilidades en la fabricación, diversificar la capacidad de producción y garantizar que las políticas de precios y contratación apoyen la sostenibilidad del mercado.
  • Sistemas de monitorización predictivos e interoperables: establecer mecanismos de alerta temprana a nivel de la UE, garantizar una notificación universal e integrada digitalmente e incluir la notificación a nivel de farmacia en los marcos nacionales de vigilancia.
  • Empoderamiento jurídico de los farmacéuticos: ampliar y armonizar los marcos de sustitución bajo protocolos definidos y permitir respuestas rápidas y centradas en el paciente durante situaciones de falta.
  • Protección de la confianza de los pacientes y sostenibilidad de las farmacias: reconocer y compensar a las farmacias por el tiempo invertido en la gestión de las incidencias en el suministro y evitar una carga económica adicional para los pacientes derivada de sustituciones motivadas por esta problemática.

 Las incidencias en las faltas de medicamentos son una prueba de la capacidad de Europa para garantizar un acceso equitativo a terapias esenciales. Pasar de gestionar la escasez a prevenirla debe convertirse ahora en una prioridad europea compartida, afirma la PGEU en una nota de prensa.