España cuenta con 82.309 farmacéuticos colegiados que están presentes en toda la cadena del medicamento y en todos los niveles que afectan a la salud, ejerciendo con responsabilidad su labor y contribuyendo a la sostenibilidad del sistema sanitario y al avance científico.
Como se recoge en el informe “Estadísticas de colegiados y farmacias comunitarias 2025”, elaborado por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, a los 55.098 farmacéuticos comunitarios, hay que sumar los miles de farmacéuticos que trabajan en la farmacia hospitalaria, la industria farmacéutica, los análisis clínicos, la ortopedia, la alimentación, la óptica y la acústica.
Además, en los últimos años, con escenarios tan complejos como la pandemia y otras crisis sanitarias, el farmacéutico ha demostrado su gran potencial en la salud pública y en la prevención de las enfermedades, gracias su participación en campañas de educación sanitaria y en los programas de cribado impulsados cada vez más por administraciones sanitarias autonómicas y provinciales, que apuestan por el farmacéutico como un activo sanitario de primer orden.
En los últimos años, con escenarios tan complejos como la pandemia y otras crisis sanitarias, el farmacéutico ha demostrado su gran potencial en la salud pública y en la prevención de las enfermedades»
Un activo que siempre suma y que colabora en la mejora de la atención a los pacientes, incluso en los lugares donde otros no llegan, como es el entorno rural. Lo dice el propio informe: de las 22.273 farmacias comunitarias, 14.371 están ubicadas en localidades que no son capitales.
Esta capilaridad permite que todos los pacientes tengan acceso a su medicación, con independencia del código postal. Y esto es una auténtica conquista social. Un modelo que se debe preservar, defender e incluso cuidar para que las farmacias rurales puedan subsistir y seguir prestando un servicio sanitario esencial.
Es, precisamente, en los núcleos con menos densidad de población, donde la labor del farmacéutico se extiende de lo más clínico a lo más social. Su cercanía y confianza le permite ver de cerca la realidad de los colectivos más vulnerables, detectando situaciones de soledad, violencia de género o necesidades sanitarias no cubiertas como las que pueda tener la población migrante.
Más allá de las cifras, la Farmacia demuestra cada día que sigue siendo una profesión de futuro»
Una profesión versátil y que representa una oportunidad laboral para quienes deciden cursar la carrera de Farmacia, cuyos egresados tienen un alto índice de empleabilidad. De hecho, solo el 1,8% de los farmacéuticos colegiados que no están en activo (que supone un 22,3% de total de los colegiados) se encuentra en situación de paro, como así se recoge en el informe.
Más allá de las cifras, la Farmacia demuestra cada día que sigue siendo una profesión de futuro, que sigue creciendo, fortaleciéndose y ampliando horizontes en un contexto sociosanitario con grandes retos que afrontar y para los que los farmacéuticos están no solo preparados sino también comprometidos.
