En una sociedad en la que el envejecimiento, la cronicidad y la dependencia plantean nuevos desafíos, necesitamos que la información sanitaria de calidad esté allí donde están los pacientes.
Sin embargo, muchas personas mayores que se encuentran en una situación de vulnerabilidad y sus cuidadores necesitan una información y una educación sanitaria que no siempre reciben. Y es que, llegar a ellos no siempre es fácil y menos en el entorno rural.
Aquí es donde la farmacia comunitaria puede aportar mucho y, de hecho, ya lo está haciendo con iniciativas como las Escuelas Rurales de Salud a pacientes mayores vulnerables, promovidas por el Consejo General en colaboración con Cinfa. En ellas, 126 farmacias ubicadas en municipios de menos de 30.000 habitantes de 33 provincias españolas han impartido sesiones formativas a un total de 3.318 personas.
Con este programa, que se enmarca en la Estrategia Social de la Profesión Farmacéutica, hemos visto que el 45 % de las personas cuidadoras que participaron no conocía previamente el concepto de paciente vulnerable o frágil y, que, tras la educación sanitaria ofrecida por el farmacéutico, la gran mayoría reconoció que necesitaba cuidarse más para cuidar mejor.
También comprobamos que el 67 % de los mayores y el 66,4 % de los cuidadores habían recibido por primera vez formación sobre autocuidado, medicamentos y determinadas enfermedades de la mano de un farmacéutico. Antes nadie les había explicado cómo cuidar su salud ni la de los suyos.
El farmacéutico conoce a sus pacientes, observa cambios, escucha sus preocupaciones y puede identificar señales de deterioro funcional, cognitivo o social que aconsejen una actuación o una derivación a otro profesional sanitario»
Esta iniciativa es un ejemplo de cómo el farmacéutico comunitario detecta y responde a las necesidades reales de la población, incluso aquellas que pueden pasar desapercibidas en otros ámbitos asistenciales.
El farmacéutico conoce a sus pacientes, observa cambios, escucha sus preocupaciones y puede identificar señales de deterioro funcional, cognitivo o social que aconsejen una actuación o una derivación a otro profesional sanitario.
Por su proximidad, accesibilidad y trato diario con las personas es un auténtico radar de vulnerabilidades.
Como detectar no es suficiente, también es necesario informar, educar y acompañar. Y ahí la educación sanitaria desde la farmacia comunitaria adquiere todo su sentido, como se ha comprobado en las Escuelas Rurales de Salud a pacientes mayores vulnerables. Explicar en las sesiones formativas impartidas por los farmacéuticos cómo utilizar correctamente un medicamento, interpretar un prospecto, comprender una hoja de medicación, prevenir una caída, reconocer signos de alerta ante diferentes problemas de salud o conocer los recursos asistenciales disponibles puede marcar una diferencia enorme en la autonomía y la calidad de vida de una persona mayor vulnerable y de quien le cuida.
Esta estela de la educación sanitaria impartida por el farmacéutico comunitario procede de una primera actuación que arrancó en 2023 bajo el nombre “Escuelas Rurales de Salud”. Un proyecto impulsado por el Consejo General junto al Consejo de Colegios Profesionales de Farmacéuticos de Castilla y León.
La filosofía de estas escuelas es fortalecer la cohesión económica, social y territorial de los entornos rurales, desprotegidos, frágiles o en riesgo de despoblación; mejorar la salud y la calidad de vida de la población rural, y potenciar y aprovechar el papel del farmacéutico en el ámbito asistencial»
La filosofía de estas escuelas es fortalecer la cohesión económica, social y territorial de los entornos rurales, desprotegidos, frágiles o en riesgo de despoblación; mejorar la salud y la calidad de vida de la población rural, y potenciar y aprovechar el papel del farmacéutico en el ámbito asistencial.
Objetivos amparados en la premisa de que educar en salud es prevenir. Y prevenir enfermedades redunda en una mejor calidad de vida de las personas y en un menor consumo de recursos del sistema sanitario.
Este círculo virtuoso debería fortalecerse para llegar a más personas y a más rincones de la mano del farmacéutico y en colaboración con el resto de los profesionales sanitarios. La educación sanitaria y la prevención es responsabilidad de todos; de todos los que tienen la formación y la capacidad para impartirla, consiguiendo mejores resultados en salud.
