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La farmacia: un valor social más allá de la dispensación.

  • 2 octubre 2026
  • Redacción
  • Tiempo de lectura 8 minutos

Javier Padilla. Secretario de Estado de Sanidad. Ministerio de Sanidad

La evolución del Sistema Nacional de Salud (SNS) en España se encuentra en un momento de transformación estructural marcado por la necesidad de actualizar marcos normativos que datan de hace décadas. Cambiar lo que no funciona reforzando aquello que ha demostrado no solo funcionar sino además ser seña de identidad de nuestro sistema sanitario, es fundamental. Dentro de este proceso de reforma, la profesión farmacéutica representa un componente fundamental para garantizar algunos de los valores clave del modelo sanitario español.

El valor sanitario y social de los profesionales de la farmacia se manifiesta no solo en la dispensación de medicamentos y productos sanitarios, sino en su integración estratégica dentro de la política de medicamentos, en su capacidad para ofrecer una respuesta asistencial de proximidad a través de la farmacia comunitaria y en su polivalencia gracias a su trabajo en diferentes ámbitos del sistema.

La actualización del sistema al siglo XXI requiere un reconocimiento explícito de la profesionalidad del farmacéutico así como de la efectividad de nuestro sistema, y un reforzamiento de sus competencias para optimizar su desempeño en beneficio del paciente.

La infraestructura farmacéutica como factor de equidad

El modelo sanitario español se basa en una distribución territorial que busca minimizar las desigualdades en el acceso a la salud. En este contexto, las más de 22.000 farmacias presentes en el conjunto del territorio español son, evidentemente, un activo para esa accesibilidad y ese contacto con los otros activos presentes en una comunidad y un vecindario.

Esta distribución territorial, que se encuentra en el centro del espíritu de las oficinas de farmacia comunitaria como establecimiento privado de interés (y regulación) público, es, así mismo, un elemento fundamental para entender la farmacia y el papel del farmacéutico dentro del sistema. La accesibilidad que proporciona la red farmacéutica no es meramente geográfica, sino que se traduce en una capacidad de respuesta inmediata ante las demandas de la población. En situaciones donde el sistema puede experimentar tensiones de demanda, la disponibilidad de estos profesionales asegura que el flujo de atención no se interrumpa; ocurrió con el COVID-19, ha ocurrido cada vez que una alerta de seguridad en el ámbito de los medicamentos ha tomado los medios y ocurre también cada época epidémica de infecciones respiratorias agudas. El valor social de esta cercanía es especialmente relevante para la población mayor y/o con enfermedades crónicas, que requiere una relación con sus profesionales sanitarios que se adapte a su realidad cotidiana. La farmacia se integra así como un recurso de salud pública que contribuye a la efectividad del sistema y a su eficiencia (porque la territorialidad es, sin lugar a duda, eficiente).

El conocimiento experto en la política estratégica del medicamento

La accesibilidad vinculada con la distribución territorial es un elemento clave en los valores del modelo de farmacia comunitaria español, pero no podemos soslayar que este se basa en un elemento, si cabe, preeminente: la profesionalidad de los farmacéuticos y farmacéuticas. Más allá de su presencia en varios niveles asistenciales e institucionales del sistema sanitario, los farmacéuticos que desempeñan su labor profesional en las oficinas de farmacia comunitaria son profesionales expertos en el ámbito del medicamento.

La legislación actualmente en modificación (por medio del Anteproyecto de Ley de los Medicamentos y Productos Sanitarios) reconoce al profesional como competente y con conocimiento en la labor de dispensación pero también en lo relacionado con la información acerca de los medicamentos y, de acuerdo con procedimientos concretos, la sustitución dentro de medicamentos que sean considerados equivalentes en situaciones en las que sea necesario lidiar con problemas de suministro. Actualmente, el sistema impone rigideces administrativas que obligan a los pacientes a regresar a sus médicos de familia (sobrecargando su labor) por meros cambios de forma farmacéutica o volumen de envase en situaciones de desabastecimiento.

La propuesta normativa pretende otorgar autonomía al farmacéutico para que, basándose en su capacitación técnica, pueda realizar sustituciones de medicamentos equivalentes cuando sea necesario. Esta medida no solo reduce la burocracia innecesaria en la atención primaria, sino que reconoce formalmente que el farmacéutico posee el criterio clínico suficiente para garantizar que el paciente reciba el tratamiento prescrito de la forma más eficiente posible, dentro del marco que establezca la ley.

Integración asistencial y optimización del desempeño profesional

Accesibilidad y profesionalismo conforman la base de lo que hemos desarrollado hasta el momento en este artículo. Sin embargo, hay un tercer elemento sin el cual lo anterior no funciona: la interacción y colaboración con otros profesionales.

Si verdaderamente creemos que las oficinas de farmacia comunitaria son ámbitos clave del sistema sanitario en lo que tiene que ver con su representación en las comunidades, no puede ser que sigamos dejando al azar (o al voluntarismo) el establecimiento de ámbitos reglados, estables y eficientes de cooperación y comunicación entre los profesionales prescriptores y dispensadores en el ámbito del medicamento.

Esta colaboración imprescindible ha de facilitarse y estructurarse, y, en mi opinión, ha de ser liderada por otros farmacéuticos que trabajan también con cercanía a profesionales y población, como son los farmacéuticos de Atención Primaria. Para facilitar esta integración, en el Anteproyecto de Ley de los Medicamentos y Productos Sanitarios se plantea la creación de los Consejos de Coordinación Farmacoterapéuticos a nivel de zona básica de salud, diseñados para fomentar la comunicación directa entre los profesionales que prescriben, los que dispensan y aquellos que realizan el seguimiento del medicamento.

Un paso más en el valor social más allá del medicamento

Por último, aunque es cierto que el farmacéutico es especialista en los medicamentos, el valor que aporta en su desempeño en la oficina de farmacia comunitaria va más allá de éste. Las acciones en campos como la violencia de género, la prevención y control del tabaquismo o la facilitación del acceso al sistema sanitario en personas en situación de exclusión son clave.

Además, en un momento en el que la desinformación y el auge de ciertos discursos atacan de manera frontal el conocimiento científico y las prácticas basadas en este, es también el momento de reivindicar a la profesión farmacéutica como el desempeño, necesariamente, de una labor basada en el mejor conocimiento científico disponible y a las oficinas de farmacia comunitaria como lugares donde ese conocimiento científico se encarna.

Esto, que no deja de ser una consideración clave aunque posiblemente controvertida, creo que es fundamental que se enuncie desde las instituciones públicas. El futuro de la farmacia comunitaria tiene que ser cada vez más científico, cada vez más asistencial y cada vez más cercano al resto de los profesionales que operan en el sistema sanitario.

Conclusión: La farmacia como pilar del bienestar social

El modelo farmacéutico español (conjuntamente con otros elementos fundamentales como el de la distribución) representa un éxito de profesionalidad y accesibilidad dentro de nuestro sistema. Su capacidad de estar presente en cada rincón del territorio, su criterio sanitario y su rol como garante de la seguridad del medicamento son activos estratégicos que deben ser potenciados mediante reformas legislativas ambiciosas que están en curso.

Empezábamos el artículo diciendo que al realizar transformaciones hay que saber detectar qué funciona para reforzarlo. Ese es el caso del modelo español (mediterráneo) de farmacia comunitaria.

*Artículo publicado en el libro «El Valor de la Farmacia. Una perspectiva social y sanitaria», una obra que reúne las reflexiones de más de 60 personalidades vinculadas al ámbito sanitario e institucional y que aborda el papel de la Farmacia en el sistema sanitario y en la sociedad desde perspectivas diversas. Su presentación tuvo lugar en el marco de una jornada organizada por el Consejo General con motivo de la celebración del Día Mundial del Farmacéutico.

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