Francina Armengol. Presidenta del Congreso de los Diputados.
“Tomara yo ahora un cuartel de pan o una hogaza y dos cabezas de sardinas arenques que cuantas yerbas describe Dioscórides aunque fuera el ilustrado por el Dr. Laguna”. El ingenioso hidalgo que habla es ni más ni menos que el Quijote, a quien Miguel de Cervantes hace citar a Pedanius Dioscórides Anazarbeo, nacido en Cilicia, médico cirujano que servía a los ejércitos de Nerón allá por el siglo I y autor de la obra fundacional de la botánica farmacéutica, De materia medica, cuya relación de plantas y derivados de animales se estuvo usando como la biblia de los facultativos hasta el siglo XVIII.
El ser humano, la farmacia y la medicina siempre han caminado juntos. En los primeros tiempos, la humanidad trataba de explicarse los fenómenos de la muerte, la enfermedad y la vida a través de estas disciplinas todavía asentadas en las tradiciones más ancestrales, hasta que en la época griega comienzan a basarse en pensamientos lógicos y analíticos.
En la época romana, Dioscórides atravesó gran parte de Italia, las Galias, Iberia y el Norte de África, y de cada territorio recogió información sobre las prácticas médicas y recursos utilizados por los lugareños en el tratamiento tanto de las enfermedades. Le llamaron la atención especialmente los preparados derivados del uso de las medicinas, y todo lo fue plasmando en su libro, las drogas utilizables de los tres reinos de la Naturaleza que servían para curar los males. Hoy día, no podemos prescindir de estas ciencias. Ninguna civilización puede avanzar sin ellas.
La farmacología ─como la medicina─ es una disciplina imprescindible, absolutamente esencial: a lo largo de la historia, ha salvado a la humanidad en repetidas ocasiones. La más reciente es la pandemia por el covid-19. No queremos imaginar qué habría sido de este mundo sin la labor de la comunidad científica, que consiguió una vacuna en tiempo récord. La industria farmacéutica, desde el comienzo de la pandemia, adquirió el compromiso con la Organización Mundial de la Salud de compartir información y de colaborar, a contrarreloj, tanto en la investigación como en el desarrollo de las vacunas, además de ofrecerlas después a todo el mundo a un precio asequible y de fomentar un acceso equitativo. No me cabe duda de que aquella rápida vacunación será recordada como uno de los grandes éxitos de la salud mundial.
A lo largo de estas páginas que siguen, se ofrece una mirada rigurosa y plural sobre el papel que desempeñan las farmacéuticas y los farmacéuticos en nuestra sociedad. Y más allá de su función tradicional de dispensación, este libro refleja con claridad su contribución decisiva a la cohesión social, la equidad territorial y la protección de la salud pública. España cuenta con un modelo farmacéutico reconocido por su capilaridad, cercanía y profesionalidad.
La red de farmacias, presente en todo el territorio, constituye en muchos casos la puerta de entrada más accesible al sistema sanitario, especialmente en entornos rurales o en situaciones de vulnerabilidad. Esta realidad no es fruto del azar, sino del compromiso histórico con un sistema que pone a las personas en el centro. Velar por la salud de las personas, mejorar su calidad de vida, no consiste solo en prescribir o dispensar medicamentos. Consiste en ofrecer confianza, consejo, seguridad e incluso compañía. Estas son, también, las funciones de nuestras farmacéuticas y nuestros farmacéuticos comunitarios, funciones que van más allá del rol asistencial y estratégico.
Conozco de buena tinta estas funciones de red y de apoyo, porque antes de dedicarme a la política, me dediqué a la farmacia. Y, además, me atan a la farmacia lazos familiares. Estoy convencida de que existe algo que une la política con la farmacia, y es que ambas, cuando se hacen desde la responsabilidad y la honestidad, pretenden mejorar la vida de la gente.
Desde las instituciones, debemos ser plenamente conscientes de la importancia de seguir impulsando marcos normativos que reconozcan, refuercen y proyecten el papel estratégico de la profesión farmacéutica. La evolución de nuestro sistema sanitario exige aprovechar todo su potencial, favoreciendo su integración en las políticas de salud pública, la prevención y la atención a la cronicidad.
Este libro no solo es un ejercicio de reconocimiento, sino también una invitación a mirar al futuro y valorar, colectivamente, nuestras posibles acciones conjuntas para blindar el bienestar de la sociedad al completo. En el futuro, la farmacia seguirá siendo un pilar del bienestar social, una aliada de la innovación sanitaria y un referente de servicio público.
No podremos hacer frente a la adversidad si no es de la mano de la ciencia. Ciencia, salud y bienestar: tres elementos indisolubles, que solo funcionan unidos, entrelazados. No hay uno que respire sin el otro. Confío en que esta obra contribuya a reconocer esos principios fundamentales de una democracia plena y a seguir avanzando hacia un sistema sanitario más igualitario y más humano.
*Artículo publicado en el libro «El Valor de la Farmacia. Una perspectiva social y sanitaria», una obra que reúne las reflexiones de más de 60 personalidades vinculadas al ámbito sanitario e institucional y que aborda el papel de la Farmacia en el sistema sanitario y en la sociedad desde perspectivas diversas. Su presentación tuvo lugar en el marco de una jornada organizada por el Consejo General con motivo de la celebración del Día Mundial del Farmacéutico.
