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Cantabria: cuando la farmacia no es un “dispensador”, sino una infraestructura de país

  • 1 octubre 2026
  • Redacción
  • Tiempo de lectura 10 minutos

César Pascual Fernández. Consejero de Salud del Gobierno de Cantabria.

Hay debates que se han vuelto tan recurrentes que corren el riesgo de vaciarse de significado. Uno de ellos es el de la cohesión territorial. Se habla mucho de cohesión, se invoca con solemnidad, y luego se actúa como si fuese un concepto decorativo. Pero en sanidad (y en concreto en prestación farmacéutica) la cohesión territorial no es un eslogan: es una obligación moral y un indicador de madurez institucional.

Porque la cohesión no se mide por el número de planes estratégicos impresos. Se mide por algo más incómodo: por lo que ocurre cuando una persona vive lejos, cuando tiene una enfermedad crónica, cuando es mayor, cuando está polimedicada, cuando no puede desplazarse con facilidad, cuando vive en un municipio que aparece en los mapas demográficos como “en riesgo” y en los mapas políticos como “fuera de plano”.

Y ahí es donde la prestación farmacéutica se revela como lo que en realidad es: una de las redes públicas más capilares, más cercanas y más infraestructurales de todo el Estado.

En España, el Sistema Nacional de Salud se sostiene sobre un equilibrio complejo: universalidad, equidad, calidad y sostenibilidad. Pero ese equilibrio no se defiende en abstracto; se defiende cada día desde las comunidades autónomas, que gestionan la realidad concreta: presupuestos, profesionales, recursos, dispersión geográfica, envejecimiento, cronicidad y expectativas crecientes.

Las comunidades autónomas no pueden permitirse una visión reduccionista de la prestación farmacéutica. No es únicamente una política de financiación. No es sólo control del gasto. No es únicamente logística. Y desde luego, no puede ser un campo de batalla permanente.

La prestación farmacéutica representa una parte sustancial del gasto sanitario público pero su verdadera dimensión va mucho más allá de la contabilidad. Es, en realidad, un indicador silencioso y constante de equidad territorial: una forma de medir si el sistema garantiza el mismo derecho a la salud a quien vive en una capital que a quien vive en un valle, un municipio pequeño o una zona con población envejecida.

Este es el reto real de las comunidades autónomas: sostener un equilibrio difícil entre dos obligaciones que se tensionan mutuamente: acceso temprano a la innovación terapéutica y universalidad y capilaridad. Cantabria está orientando su modelo precisamente a resolver esa tensión: innovación sin espera, proximidad sin renuncia.

En Cantabria lo tenemos claro: la cohesión territorial se juega en lo cotidiano, y la farmacia es uno de sus dispositivos esenciales. No como actor marginal, sino como parte estructural de la solución.
En enfermedades oncológicas, patologías raras o trastornos neurológicos, el calendario no es neutro: cada semana cuenta y, a veces, cada mes marca la diferencia entre mejorar, estabilizar o llegar tarde.

La innovación terapéutica ha cambiado las reglas del juego. Estamos viviendo una transición hacia medicamentos más precisos, más complejos, más personalizados y con mayor impacto clínico, pero también con mayor exigencia organizativa. Terapias avanzadas, oncológicos, biológicos, terapias dirigidas, medicina personalizada, nuevas indicaciones. La innovación ya no es una “línea” más: es el corazón del futuro clínico.

Y aquí hay algo que conviene decir sin rodeos: no puede haber cohesión si la innovación llega tarde. Ni puede hablarse de equidad si el acceso depende del código postal o del “ruido” mediático que genera cada fármaco.

La clave del modelo cántabro no reside solo en acelerar procesos. Reside en algo más complejo y más valioso: haberlo hecho sin relajar el rigor, sin sacrificar la evaluación clínica y económica, y sin comprometer la sostenibilidad del sistema. Pero también manteniendo algo crucial: la innovación no siempre es un fármaco nuevo; a veces es una forma más inteligente de usar bien los que ya existen.

Porque creemos que si algo debe guiar el futuro de la prestación farmacéutica en España es exactamente esto: que la innovación llegue antes, que llegue mejor y que llegue a todos, a tiempo.
Durante años, el sistema sanitario ha vivido una paradoja: ha tenido a la farmacia comunitaria delante de sus ojos y, sin embargo, la ha tratado con frecuencia como un proveedor y no como un aliado sanitario.

Cantabria cuenta con más de 277 oficinas de farmacia y 8 botiquines distribuidos por todo su territorio, también en municipios de menos de mil habitantes. Esa red no es solo un recurso logístico: es la infraestructura sanitaria más cercana, más accesible y, en muchos lugares, más disponible.
La diferencia de enfoque que hemos emprendido ha sido entender que la farmacia comunitaria no es únicamente un punto de dispensación, sino un actor estratégico de salud pública y atención de proximidad, especialmente allí donde el sistema encuentra más dificultad para llegar con estabilidad.

En municipios en riesgo de despoblación, la farmacia no es “una más”. En muchos casos es la última infraestructura sanitaria de proximidad.

Y esa realidad obliga a repensar el papel institucional de la farmacia. No desde el paternalismo ni desde el marketing. Desde la responsabilidad.

No se trata de sustituir niveles asistenciales: se trata de integrarlos. La farmacia no sustituye a la Atención Primaria, pero puede reforzarla de forma inteligente.

Y en Cantabria hemos apostado por programas útiles, colaboración institucional, implicación profesional y orientación a resultados, especialmente en los entornos rurales y los municipios más frágiles demográficamente. Porque entendemos que la farmacia comunitaria no debe ser un cajón de sastre de tareas ni necesita discursos condescendientes, necesita marcos claros de colaboración, coordinación y resultados para ser un espacio de alto valor sanitario si se integra con criterio.

Cuando hablamos de municipios en riesgo de despoblación, conviene evitar el enfoque “folclórico”. No estamos hablando de paisaje. Estamos hablando de derechos. La cohesión territorial no se consigue con discursos sobre “España vaciada”. Se consigue con medidas concretas. Y por eso Cantabria ha impulsado iniciativas específicas orientadas a municipios en riesgo de despoblación, entendiendo que la farmacia es también un elemento de vertebración social y económica. En esos entornos, la farmacia comunitaria se convierte en un nodo crítico.

Porque la cohesión territorial no se defiende con declaraciones institucionales. Se defiende garantizando que una persona mayor, en un municipio pequeño, tenga el mismo derecho a la salud que quien vive en un entorno urbano. Y para eso, seamos serios: o utilizamos todos los activos disponibles o perdemos.

Desde la Consejería de Salud tenemos una voluntad clara: colaborar con la farmacia comunitaria y con la industria farmacéutica en un marco de respeto, transparencia y objetivos compartidos. La cooperación institucional no significa falta de autoridad. Significa inteligencia de gobernanza.
Pero conviene decirlo con claridad: colaborar no es firmar fotos. Colaborar es compartir información relevante (con garantías), coordinar actuaciones en el territorio, definir programas evaluables, establecer circuitos y protocolos claros, medir el impacto y sostener lo que funciona.

La farmacia comunitaria tiene que estar en la solución. Y el Colegio Oficial de Farmacéuticos es un actor imprescindible para ordenar, impulsar y canalizar esa colaboración profesional con coherencia territorial. En Cantabria, el Colegio no es un “interlocutor más”: es un socio institucional clave. Y eso implica algo más ambicioso que una relación cordial: implica construir un modelo.

El siguiente salto de calidad en prestación farmacéutica será digital. No por moda, sino por necesidad. Durante demasiado tiempo se confundió digitalización con informatización. Hoy ya no vale simplemente con tener sistemas: hay que tener además integración real, interoperabilidad y capacidad de convertir datos en decisiones.

Receta electrónica interoperable, historia farmacoterapéutica integrada en historia clínica, alertas de interacciones en tiempo real, teleconsulta farmacéutica o trazabilidad mejorada ya no son hipótesis. Son herramientas disponibles que deben integrarse en tiempo real con una finalidad clara: mejor coordinación, más seguridad del paciente y mejor seguimiento de la cronicidad.

Y aquí Cantabria tiene una oportunidad: no sólo modernizar, sino liderar. Porque un sistema pequeño tiene algo que los grandes no tienen: capacidad de alinear actores rápidamente y pilotar cambios con agilidad.

El futuro no será una guerra entre lo presencial y lo digital. Será un modelo híbrido donde la farmacia comunitaria puede aportar valor añadido si se conecta bien con el sistema, sin duplicidades, sin burocracias inútiles y con una brújula clara: el paciente.

La industria farmacéutica no es un elemento externo al sistema. Es parte del ecosistema. Pero no cualquier relación con la industria sirve. La colaboración debe ser madura: basada en evidencia, transparencia y responsabilidad.

Cantabria apuesta por una relación de colaboración con la industria en la que el objetivo no sea “comprar más”, sino comprar mejor: priorizando valor, resultados y equidad.

Porque si la innovación mejora vidas, debemos facilitarla. Pero si no aporta valor, debemos decirlo con la misma contundencia.

Eso también es liderazgo sanitario.

Una visión optimista, sí. Pero no ingenua.

Hay quien confunde rigor con pesimismo. Nosotros no.

La prestación farmacéutica en Cantabria tiene fortalezas que debemos reconocer con orgullo: una red de farmacia comunitaria comprometida, una capacidad de accesibilidad territorial muy notable, una vocación de colaboración creciente, y una voluntad institucional clara de avanzar.

Y sí, tenemos desafíos. Como todas las comunidades. Pero aquí viene lo importante: los desafíos no se resuelven con nostalgia, ni con discursos defensivos, ni con trincheras corporativas. Se resuelven con acuerdos inteligentes, reformas útiles y foco en el ciudadano.

Si algo hemos aprendido en los últimos años es que la cohesión territorial no se alcanza “al final”. No es la última página del plan. No hay magia. Es un método con el que se construye un sistema sanitario digno.

Cantabria está demostrando que la equidad territorial no es una utopía ni un eslogan: es una decisión de gestión, es la cohesión territorial cuando se convierte en política real.

*Artículo publicado en el libro «El Valor de la Farmacia. Una perspectiva social y sanitaria», una obra que reúne las reflexiones de más de 60 personalidades vinculadas al ámbito sanitario e institucional y que aborda el papel de la Farmacia en el sistema sanitario y en la sociedad desde perspectivas diversas. Su presentación tuvo lugar en el marco de una jornada organizada por el Consejo General con motivo de la celebración del Día Mundial del Farmacéutico.

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