Mónica García. Ministra de Sanidad.
Hay profesiones que vertebran el sistema sanitario. Otras lo hacen más cercano. Y hay quienes cumplen ambas funciones al mismo tiempo. Esos son los farmacéuticos y farmacéuticas. Este libro llega en un momento significativo para nuestro Sistema Nacional de Salud, un momento de cambio, de actualización de reglas y de ampliación de derechos, en el que la profesión farmacéutica se ha consolidado como uno de los pilares más sólidos, pero también como uno de los rostros más cercanos de nuestra sanidad.
Quien cruza la puerta de una farmacia no busca únicamente un medicamento. Busca orientación, confianza y un acompañamiento cercano que va más allá de la prescripción. El farmacéutico ya no es únicamente un garante técnico del medicamento; es, cada vez más, un agente de salud plenamente integrado en la red de cuidados, en la salud comunitaria y en la vida cotidiana de la gente.
España cuenta con una red de oficinas de farmacia que constituye un verdadero orgullo colectivo. Centros de interés público que operan como una auténtica red capilar, extendida y constante, que permite que la salud circule con continuidad hasta el último rincón del territorio. Gracias a esa presencia, la atención llega a cada barrio, a cada pueblo y a cada persona, viva donde viva. En un país diverso como el nuestro, con grandes ciudades y amplias zonas rurales, esa capilaridad es una garantía de equidad real.
Es precisamente en ese punto donde la farmacia ha desplegado una evolución especialmente significativa. Hoy ya no hablamos solo de una función asistencial clásica, sino de una capacidad creciente para operar en la intersección entre lo sanitario y lo social: innovación orientada al bien común, abordaje de la pobreza farmacéutica y respuesta activa a los determinantes sociales de la salud. Hablamos de una profesión alineada con los grandes retos de nuestro tiempo, desde la cohesión territorial hasta la sostenibilidad ambiental. La llamada “farmacia verde”, el impulso a una prescripción más sostenible o el uso de medicamentos con menor huella de carbono son ejemplos claros de cómo el cuidado de la salud y el cuidado del planeta avanzan de la mano.
Este reconocimiento social y sanitario tiene también un reflejo en las políticas públicas. En esta legislatura hemos dado pasos importantes para modernizar el marco en el que se desarrolla la profesión farmacéutica. La Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024-2028 marca el rumbo: avanzar hacia una mayor autonomía estratégica, reforzar el liderazgo público y garantizar que la innovación responda a las necesidades reales de la ciudadanía.
En esa misma línea, el Anteproyecto de Ley de los Medicamentos y Productos Sanitarios introduce cambios que impactan directamente en la práctica farmacéutica diaria. Medidas para garantizar el suministro en situaciones de desabastecimiento, habilitando a los farmacéuticos para sustituir medicamentos bajo protocolos seguros; mecanismos para la coordinación entre la farmacia comunitaria y los equipos de atención primaria; mejoras en los tiempos de acceso a la innovación, que ya se han reducido de forma significativa; y más transparencia y previsibilidad en todo el proceso.
En última instancia, se trata de acortar los tiempos entre la innovación y la vida real, y garantizar que cada avance terapéutico llegue de forma más ágil, equitativa y eficaz a las personas que lo necesitan.
Pero si hay un ámbito donde la aportación de la farmacia resulta especialmente valiosa es en la Atención Primaria y en la salud comunitaria. El Plan de Acción de Atención Primaria 2025-2027 reconoce de manera explícita el papel de los farmacéuticos en contextos de polifarmacia, cronicidad y complejidad clínica. Y estamos avanzando en un nuevo consenso de Atención Farmacéutica Comunitaria que refuerce la comunicación con los centros de salud, mejore la continuidad asistencial y haga más fácil el día a día de los pacientes.
Se trata de reforzar el acompañamiento a lo largo de todo el proceso terapéutico. De garantizar que una persona mayor con polimedicación disponga de un seguimiento seguro y continuado. De anticipar y detectar de forma precoz incidencias que, de otro modo, quedarían invisibles hasta que es demasiado tarde. Y de asegurar una presencia accesible y cercana, capaz de responder en el momento en que surge la necesidad, sin barreras y con vocación de servicio público.
La farmacia también es salud pública. Lo es cuando participa en campañas de prevención, cuando facilita el acceso a pruebas como el autotest de VIH, cuando colabora en la dispensación de preservativos para frenar el aumento de infecciones de transmisión sexual o cuando se convierte en un espacio seguro para detectar situaciones de violencia de género. Esa dimensión social, a menudo discreta, constituye uno de los activos más valiosos de la profesión.
Hay momentos en los que ese compromiso se hace aún más visible. Quiero aprovechar estas líneas para rendir un homenaje sincero a todos los farmacéuticos y farmacéuticas que, en situaciones difíciles, han estado a la altura de lo que la sociedad esperaba de ellos. Lo vimos durante la pandemia y lo hemos vuelto a ver en emergencias recientes como la DANA, donde garantizaron el suministro de medicamentos y ofrecieron apoyo constante a una población en pleno shock. Esa profesionalidad y esa entrega forman parte de la mejor tradición de nuestro sistema sanitario.
Conviene detenerse también en un ámbito que con frecuencia pasa desapercibido: la farmacia rural. En muchos pueblos, su función trasciende ampliamente la dispensación para convertirse en un nodo esencial de referencia, confianza y acompañamiento, y en no pocas ocasiones en el único dispositivo sanitario de proximidad disponible. Proteger y fortalecer la red de farmacias rurales implica salvaguardar la cohesión territorial y asegurar que el lugar de residencia no condicione el acceso efectivo a la salud.
De cara al futuro, el papel de la farmacia está llamado a adquirir aún mayor relevancia. La digitalización, la integración de datos, la atención personalizada o el desarrollo de nuevas terapias plantean desafíos apasionantes. Y en todos ellos, la profesión farmacéutica está llamada a desempeñar un papel protagonista, desde el rigor científico y desde la cercanía con la ciudadanía.
Fortalecer la farmacia es, por tanto, fortalecer el conjunto del sistema. Es apostar por una sanidad más accesible, más humana y más conectada. Sigamos avanzando en esa dirección. Con ambición, con responsabilidad y con la certeza de que no hay sistema sanitario sólido sin una farmacia cercana. En ese camino, los farmacéuticos y farmacéuticas seguirán siendo una pieza clave para garantizar una salud pública de calidad, equitativa y a la altura de los retos de nuestro tiempo.
*Artículo publicado en el libro «El Valor de la Farmacia. Una perspectiva social y sanitaria», una obra que reúne las reflexiones de más de 60 personalidades vinculadas al ámbito sanitario e institucional y que aborda el papel de la Farmacia en el sistema sanitario y en la sociedad desde perspectivas diversas. Su presentación tuvo lugar en el marco de una jornada organizada por el Consejo General con motivo de la celebración del Día Mundial del Farmacéutico.
