Videoconsejo sanitario sobre el ingredientes antiedad, sus propiedades y beneficios. Videoconsejo impartido por el farmacéutico Tomás Muret, vocal Nacional de Dermofarmacia del Consejo General de Farmacéuticos.
Vídeo elaborado por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, producido por @medicinatelevision_tv y con la colaboración de @isdin
¿Sabías que la vitamina C, es uno de los ingredientes más recomendados para la piel y también es uno de los más difíciles de formular correctamente?
Nuestra piel está expuesta cada día a la radiación ultravioleta, la contaminación, el humo del tabaco y el estrés ambiental. Todos estos factores generan radicales libres, moléculas inestables que aceleran el envejecimiento cutáneo y se traducen en pérdida de luminosidad, arrugas, flacidez y manchas.
Es por esto la importancia de la utilización de antioxidantes tópicos que ayudan a frenar el daño oxidativo y protegen al colágeno y la elastina fundamentales para la estructura de la piel.
La vitamina C —o ácido L-ascórbico—, es uno de los activos más estudiados en dermatología por sus propiedades antioxidantes: neutraliza radicales libres, estimula la síntesis de colágeno, mejora la firmeza, aporta luminosidad, ayuda a unificar el tono y contribuye a reforzar las defensas antioxidantes de la piel que se debilitan con la edad.
Sin embargo, la vitamina C es muy inestable. Se oxida fácilmente con la luz, el aire, el calor o cuando el pH no es el adecuado. Seguro que alguna vez has visto un sérum que pasa de transparente a amarillo o marrón. Ese cambio de color indica que la vitamina C se está degradando y perdiendo eficacia.
Por eso formular vitamina C eficaz no consiste solo en añadir el ingrediente a la fórmula. Para que funcione, debe estar en un entorno ácido, generalmente con un pH inferior a 3,5, en una concentración adecuada y protegida frente al oxígeno.
Normalmente, se utilizan envases opacos, dispensadores que evitan la entrada de aire, monodosis o combinaciones con antioxidantes sinérgicos o estabilizadores.
Otra alternativa muy utilizada es emplear moléculas derivadas de la vitamina C más estables, como el tetraisopalmitato de ascorbilo, el ácido etil ascórbico o el sodio fosfato de ascorbilo. Eso sí, cada una necesita unas condiciones de formulación y un pH específicos para que su efecto sea óptimo.
En la práctica, no basta con leer “vitamina C” en la etiqueta. Importan la forma química, la concentración, el pH, el envase y, algo fundamental, que el producto final terminado haya demostrado estabilidad y eficacia mediante estudios.
En definitiva, la vitamina C es un gran aliado frente al envejecimiento cutáneo, pero su eficacia depende de cómo esté formulada y protegida. Elegir bien el producto marca la diferencia entre un tratamiento eficaz y uno que simplemente lo parece.
Recuerda, pregunta siempre a tu farmacéutico de confianza, experto en dermofarmacia. Te ayudaremos y resolveremos cualquier duda que tengas en el cuidado y la Salud de tu piel.
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