La Navidad es uno de los periodos del año con mayor impacto sobre los hábitos de alimentación y el estilo de vida. Las reuniones familiares, las celebraciones sociales y la abundancia de comidas especiales alteran la rutina habitual tanto en la elección de alimentos como en la práctica de actividad física. A ello se suman las condiciones propias del invierno, como el frío, la lluvia y la reducción de horas de luz, que favorecen un estilo de vida más sedentario.
La farmacia comunitaria ofrece claves para mejorar la calidad de la dieta durante un periodo marcado por los excesos, la menor actividad física y los cambios en la rutina alimentaria»
Durante estas semanas, no solo aumentan las comidas festivas señaladas en el calendario, sino también los encuentros informales que incluyen aperitivos, dulces y bebidas alcohólicas. Esta acumulación de eventos prolonga en el tiempo una alimentación más calórica y menos equilibrada, con efectos directos sobre la salud digestiva y el peso corporal.
El Consejo General de Colegios Farmacéuticos ha publicado una infografía con recomendaciones de alimentación desde la Farmacia Comunitaria para las fiestas navideñas.
Alimentos protagonistas de la Navidad
Las comidas y cenas navideñas se caracterizan por platos más complejos, con un uso frecuente de salsas, condimentos grasos y técnicas culinarias que incrementan el aporte calórico. Además, estos menús suelen componerse de numerosos platos que se consumen en cantidades superiores a las habituales y durante largos periodos de tiempo.
Este patrón alimentario favorece la aparición de molestias digestivas como náuseas, pesadez, reflujo, gastritis o estreñimiento. También resulta habitual el aumento de peso, asociado tanto a una mayor ingesta energética como a la retención de líquidos.
Los menús navideños incluyen una amplia variedad de alimentos tradicionales. Entre los más habituales destacan los mariscos, como langostinos, gambas, percebes o bogavante; las carnes, con especial presencia de cordero, ternera, pavo, cerdo y embutidos; y los pescados, como salmón, bacalao, besugo o rape.
Las verduras y frutas también forman parte de estas celebraciones, con platos como cardo con almendras, lombarda con manzana y pasas o ensaladas de escarola, así como frutas tropicales como la piña. A ello se suman los dulces típicos, entre los que se encuentran turrones, polvorones, mantecados, roscones de Reyes y pestiños, además de otros platos tradicionales como sopas, canelones, aperitivos, quesos y patés.
Las celebraciones navideñas favorecen el aumento del consumo de grasas, azúcares, sal y alcohol. Los menús copiosos y prolongados incrementan el riesgo de molestias digestivas y aumento de peso y el alcohol es una sustancia perjudicial para la salud»
Impacto calórico y calidad nutricional
El elevado contenido energético de la dieta navideña responde a varios factores. Por un lado, se incrementa el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas, azúcares y sal. Por otro, se reduce la presencia de preparaciones sencillas y ligeras que predominan en otras épocas del año.
El consumo de alcohol constituye otro elemento relevante y también es habitual en las celebraciones navideñas. Además de ser una sustancia nociva para la salud, y muy calórica, también orexígena, es decir, hace sentir más hambre de la que realmente se tiene.
Esta combinación contribuye a la acumulación de grasa corporal y a desequilibrios en los niveles de glucosa en sangre y, a su vez, a su vez, aumenta las ganas de consumir alimentos ricos en hidratos de carbono y grasas.

Como elemento positivo, los platos navideños suelen contener una gran variedad de ingredientes y productos estacionales frescos y de alta calidad elegidos especialmente para estas celebraciones.
Estrategias para mejorar la alimentación navideña
Mejorar la calidad de la dieta durante la Navidad no implica renunciar a las celebraciones, sino adoptar decisiones conscientes. Entre las recomendaciones principales se encuentra la exclusión del alcohol o su reducción al mínimo, así como la planificación de las comidas mediante raciones pequeñas de cada plato.
Planificación, moderación y pequeños cambios en la elección de alimentos ayudan a mantener una dieta más equilibrada».
Comer despacio y realizar pausas entre platos ayuda a reconocer la sensación de saciedad y a evitar ingestas excesivas. También resulta fundamental cuidar la alimentación en los días no festivos, con menús ricos en verduras, frutas frescas y proteínas de calidad procedentes de pescados, huevos, carnes blancas y legumbres.
No llegar con hambre excesiva a las celebraciones constituye otra medida clave. Mantener las comidas habituales y realizar pequeñas ingestas previas, como fruta o lácteos ricos en proteínas, reduce el riesgo de comer en exceso.
El papel de la farmacia comunitaria
Desde la farmacia comunitaria se ofrecen recomendaciones prácticas para afrontar las fiestas con mayor bienestar. Mantener una correcta hidratación resulta esencial, ya que en invierno suele disminuir el consumo de agua. Beber suficiente líquido facilita la digestión y contribuye a una mayor sensación de saciedad.
La práctica de actividad física, incluso en forma de paseos cortos después de las comidas, ayuda a controlar los picos de glucemia. Asimismo, finalizar las comidas con una infusión de manzanilla, menta, jengibre o boldo favorece la digestión y el confort gastrointestinal.
La farmacia también puede orientar sobre el uso de probióticos y medicamentos sin receta destinados a prevenir digestiones pesadas o aliviar síntomas como el reflujo y la acidez. Además, desempeña un papel fundamental en la desmitificación de creencias erróneas, como la idea de que el alcohol quita el hambre o que saltarse comidas compensa los excesos.
