En el particular reino de los estanques croaba un príncipe a la espera de un beso; los cisnes se deslizaban con suavidad dejando una elegante estela; pececillos de colores nadaban sin pausa; libélulas y mariposas sobrevolaban las aguas donde crecen unas flores hechas de agua y sol: los nenúfares.
Danzan las flores en el estanque recordando la leyenda de Ninfea, una ninfa de la diosa Diana, protectora de la naturaleza, que al ser atravesada por una flecha de Cupido sucumbió a la pasión, y avergonzada, se lanzó a las frías aguas ahogándose. La diosa Diana, compadecida, puesto que la flecha iba dirigida a ella y no a la virginal ninfa, la hizo flotar convirtiéndola en la maravillosa flor de un nenúfar. Bellas plantas acuáticas, de origen tropical, que florecen en los meses cálidos, y cierran sus flores durante la noche. Nos han acompañado desde la antigüedad. Se han descubierto posibles fósiles de nenúfares de unos 100 millones de años. Estarían relacionados con el nenúfar gigante (Victoria amazónica), y el nenúfar blanco (Ninphaea lotus). Este último se usaba como sedante. Otro espécimen con principios psicoactivos es el nenúfar azul o loto del Nilo. Símbolo de la inmortalidad, es la flor más representada en frescos, papiros y bajorrelieves. En la tumba de Tutankamón se encontró una escultura en la que la cabeza del faraón surgía de una flor de loto.
Danzan las flores en el estanque recordando la leyenda de Ninfea, una ninfa de la diosa Diana, protectora de la naturaleza, que al ser atravesada por una flecha de Cupido sucumbió a la pasión, y avergonzada, se lanzó a las frías aguas ahogándose»
Aunque posiblemente sean los nenúfares pintados por Monet mas famosos que los naturales. Del azul al blanco, del lila al amarillo, pasando por las tonalidades ocres y verdes de las hojas.
Manchas de color que se hacen paisaje. Un paisaje de agua y luz donde dormitan las flores sobre el estanque. El maestro impresionista pintó desde 1898 hasta 1926, el año en que murió, unos 250 lienzos con este tema. Desde pequeños formatos hasta paneles de gran tamaño como los que se exponen en las salas de la L’Orangerie de París. Claude Monet soñaba con poseer un jardín, un paraíso para inmortalizar en sus cuadros el efecto de la luz y sus reflejos en el agua en función de las horas del día. Y consiguió su sueño. En 1890 adquirió una propiedad en un Giverny, a unos 80 km de París en la que creó un maravilloso jardín acuático, con flores y árboles exóticos, un estanque de nenúfares y un puente japonés.

Crucemos ese puente. En un instante de abstracción, atravesemos el espacio y el tiempo. Flores de cerezo, glicinias, salvias, dalias y un sinfín de flores nos salen al encuentro. Nos llevaremos una sorpresa. ¿Cómo es que el estanque está repleto de nenúfares azules? Si estos son tropicales, no podemos estar en un lugar tan al norte como Giverny. Y estaríamos en lo cierto.
Nos encontraríamos en un pequeño pueblo japonés, Kitagawa, donde sus habitantes han creado una réplica del jardín y de la casa del pintor francés, al que han denominado “Jardín Monet Marmottan”. Sabemos que los impresionistas y los artistas de vanguardia estaban fascinados por el arte japonés. Monet poseía una gran colección de estampas japonesas. Estudió en profundidad artistas de la escuela Ukiyo-e, (imágenes del mundo flotante) como Hokusai, autor de la “Gran ola de Kanagawa”, obra que cautivó al mundo. Esta icónica ola ha sido uno de los motivos usados en el conocido como “Tambo Art”, una forma muy particular del arte nipón que utiliza los campos de arroz como un gigantesco lienzo. En ellos se emplean diferentes variedades de arroz de distintos colores: amarillas, moradas, verdes, así como plantas de arroz con hojas de color rojo, blanco o naranja. Son obras para contemplarse desde lugares situados en alto. Cada año un comité propone un nuevo diseño. Y es que la cultura del arroz ha estado siempre muy arraigada en el País del Sol Naciente.
En el mundo de las plantas acuáticas, las flores de la planta del arroz son muy pequeñas y pasan desapercibidas dentro de las características espiguillas. No son bellas ni hermosas como los nenúfares. No pertenecen a especies invasoras, ni extraen contaminantes del agua como los jacintos acuáticos o las lechugas de agua. No flotan libremente como las lentejas de agua y los helechos acuáticos. Tampoco han contenido la sabiduría de los altos y ancestrales papiros, pero sus valiosas semillas constituyen el alimento básico en gran parte del planeta. Es un cereal de origen asiático (Oryza Sativa) o de origen africano (Oryza Glaberrima), que necesita mucha agua para vivir. Existen más de dos mil variedades entre las que destacan: el arroz blanco de grano largo, (basmati y patma), de grano medio (bomba) y de grano corto; integral, vaporizado, redondo…etc.
En el mundo de las plantas acuáticas, las flores de la planta del arroz son muy pequeñas y pasan desapercibidas dentro de las características espiguillas. No son bellas ni hermosas… pero sus valiosas semillas constituyen el alimento básico en gran parte del planeta»
Rico en vitamina B6 y niacina, su gran cantidad de almidón lo hace especialmente idóneo para alimentar a vastas poblaciones. Originario de China, fue introducido en España por los árabes. El Delta del Ebro, Calasparra, las Marismas del Guadalquivir y la Albufera valenciana son los principales paisajes arroceros de la península. Su cultivo en la actualidad está mecanizado, pero con anterioridad se realizaba con mano de obra humana, faenando bajo el sol, sumergidos en el fango y luchando contra los insectos que trasmitían la malaria. Blasco Ibañez en su obra “Caños y Barro”, describe la belleza y la dureza de la vida en la Albufera.
Esta magnífica planta es también la protagonista de una gran tradición culinaria cuyo máximo exponente es sin duda la paella. Es un ingrediente presente en casi todas las gastronomías del mundo: risotto italiano, sushi japonés, arroz con frijoles, etc.
Aparte de sus características nutricionales, el agua y el jabón de arroz se han usado en cosmética por sus propiedades suavizantes. El aceite, obtenido del salvado es un buen emoliente utilizable en cremas o lociones»
Tradicionalmente este alimento se ha empleado en la mejora de trastornos de tipo gastrointestinal, especialmente en procesos diarreicos. Al no tener gluten en su composición, es ampliamente consumido en las dietas celíacas. El arroz de levadura roja o arroz rojo fermentado, se recomienda como complemento dietético para reducir los niveles de colesterol gracias a la monacolina K, que es capaz de inhibir la enzima clave en la síntesis del mismo.
Aparte de sus características nutricionales, el agua y el jabón de arroz se han usado en cosmética por sus propiedades suavizantes. El aceite, obtenido del salvado es un buen emoliente utilizable en cremas o lociones.
El sol del amanecer incendió el estanque encantado donde se esconden las ninfas. La reina se despertó abriendo sus pétalos a la luz. Sobre la pequeña barca, un lienzo y un hombre. En mangas de camisa, sombrero de paja y la tez tostada por el sol. En sus manos un pincel. Una impresión. Un paisaje. Un jardín. La eternidad en el paraíso de las flores de agua y sol.
