El sonido de la máquina de escribir inundaba la estancia. Un repiqueteo continuo, y las palabras iban cobrando vida. Nacían personajes, viajes a lugares lejanos, casonas inglesas, embajadas, situaciones misteriosas, tramas detectivescas, asesinatos, armas y venenos. La novelista trabajaba en cualquier sitio y a cualquier hora. Podríamos decir que la escritura fue el gran veneno de la irrepetible dama del suspense: Agatha Christie.
Una villa rodeada de un exuberante jardín situado en las afueras de Torquay (sur de Inglaterra) vio nacer en 1890 a la pequeña Agatha Mary Clarissa Miller. Tuvo una infancia muy feliz. Sus padres, Clara y Frederick Miller, disfrutaban de una vida social e intelectual intensa. Organizaban banquetes a los que acudían escritores de la talla de Henry James o Kipling. Era la pequeña de la familia y no fue al colegio hasta que cumplió trece años. Hasta entonces fue educada en casa, donde tuvo acceso a la magnífica biblioteca de la mansión y quedó entusiasmada con los libros de Julio Verne, Byron, Oscar Wilde y Dickens. Aprendió a tocar el piano, la mandolina, sabía bailar el vals y la polca. Realizaba largas caminatas, nadaba en aguas frías y le gustaba navegar.
A los once años quedó huérfana de padre y su vida cambió. Sus hermanos abandonaron el hogar familiar y ella quedó sola con su madre, quien le animó a escribir conociendo la vívida imaginación que la joven poseía. Tras sus estudios en París, su madre que estaba delicada de salud, decidió pasar una temporada en Egipto. Allí en 1910, la colonia británica las acogió y Agatha fue presentada en sociedad. Asistían a numerosos bailes, montaban a caballo o jugaban al golf. Subió a las pirámides; remontó el Nilo. Nunca pudo olvidar aquellos paisajes.
Agatha siempre había soñado con descubrir nuevos y exóticos países. Y en 1922 surgió una oportunidad única: un gran tour alrededor del mundo con objeto de preparar la Exposición del Imperio Británico de 1924″
En plena “Belle Époque” la joven conoció a un atractivo piloto de aviación, Archibald Christie, con el que contrajo matrimonio. Agatha siempre había soñado con descubrir nuevos y exóticos países. Y en 1922 surgió una oportunidad única: un gran tour alrededor del mundo con objeto de preparar la Exposición del Imperio Británico de 1924. Navegó hasta Sudáfrica, arriesgándose a contraer la malaria y sufriendo mal de mar; se emocionó con los helechos gigantes en Australia; le encantó Nueva Zelanda; sintió la magia de las olas practicando surf en Honolulu; curiosa a más no poder, visitó telescopios; viajó en trenes madereros; conoció las tribus maoríes. Aceptaba todo lo que la vida le ofrecía. Descubrió el planeta y este conocimiento inspiraría toda su obra.

Entrar en el universo de Agatha es como realizar un viaje por el mundo. Sus novelas de intriga nos transportan a lugares lejanos y nos llevan a vivir situaciones inverosímiles junto a sus pintorescos personajes. Desde la campiña británica hasta los países más exóticos, como Egipto, Jordania, Turquía o Irak. Podemos perdernos en un bazar de Bagdad; alojarnos en los grandes hoteles de la época; disfrutar de los paisajes desde los vagones del Orient Express o de los ferrocarriles que transitan por la cornisa británica. Cada una de sus novelas es como recibir una postal lejana que cobra vida, que nos relata las peripecias de sus personajes, sus amores, sus costumbres. Todo ello entrelazado con situaciones de intriga y/o asesinatos. Con finales sorpresa y detectives extravagantes (Poirot y Miss Marple) y un toque de humor. Al estar escritas en tercera persona hacen al lector partícipe de la trama.
Entrar en el universo de Agatha es como realizar un viaje por el mundo. Sus novelas de intriga nos transportan a lugares lejanos y nos llevan a vivir situaciones inverosímiles junto a sus pintorescos personajes»
Admiradora de Shakespeare, lo cita en muchas de sus historias. Bautizó a su hija con el nombre de una heroína del gran dramaturgo, Rosalind. Conocemos los detalles de su vida gracias a la autobiografía publicada tras su muerte. También debido a las novelas que firmó con el seudónimo Mary Westmacott, de carácter intimista y personal. En la novela titulada “Retrato inacabado” se puede leer entre líneas la desazón que le produjo la infidelidad de su marido Archie y el posterior divorcio. Esta tristeza y la muerte de su madre parece que fueron la causa de la misteriosa desaparición de la escritora en 1926.
Desaparición que llenó los periódicos de la época con toda clase de conjeturas: suicidio, huida con un amante o un truco publicitario. El caso es que había estado descansando y reponiéndose de los pesares en un elegante balneario. Años más tarde rehízo su vida y se casó con el arqueólogo Max Mallowan, aunque conservó el apellido de su primer marido, Christie. Con Max siguió viajando, el encanto del pasado se apoderó de ella y se apasionó por la arqueología. Aunque siempre estaba al tanto de la actualidad, lo que plasmó en sus relatos.
Durante la Primera Guerra Mundial, aún soltera, se ofreció como enfermera voluntaria. Trabajó en el dispensario de la farmacia donde concibió la idea de escribir una novela de detectives. Su trabajo le permitió un gran conocimiento de las drogas, las dosis letales y los diferentes venenos»
Sufrió las dos guerras mundiales y la guerra fría. Durante la Primera Guerra Mundial, aún soltera, se ofreció como enfermera voluntaria en el hospital de su ciudad natal ya que había realizado un curso de primeros auxilios. Allí trabajó en el dispensario de la farmacia donde concibió la idea de escribir una novela de detectives. Su trabajo le permitió un gran conocimiento de las drogas, las dosis letales y los diferentes venenos.
Así que no es de extrañar que, en su primera novela, “El misterioso caso de Styles”, el asesino utilizara arsénico para matar. El libro recibió una crítica en “The Pharmaceutical Journal and Pharmacist” en el número del 21 de Julio de 1923, subrayando el gran conocimiento farmacológico de la autora. Y es que en 1917 ya había completado su formación como técnico farmacéutico aprobando los exámenes correspondientes en el “Apothecary Hall Examination”. Pero aquí no terminó la relación de la escritora con la Farmacia.
En su primera novela, “El misterioso caso de Styles”, el asesino utilizó arsénico para matar. El libro recibió una crítica en “The Pharmaceutical Journal and Pharmacist”, subrayando el gran conocimiento farmacológico de la autora. Y es que en 1917 ya había completado su formación como técnico farmacéutico»
La II Guerra Mundial la pasó en Londres, donde trabajó como asistente de farmacia en el campus del Universirty College Hospital. Ya era una escritora consolidada y el responsable del departamento, Harold Davis, fue quien le inspiró a que utilizara el talio como veneno en su novela “El misterio de Pale Horse”. Describió los síntomas con tal exactitud que pudo servir de guía a detectives y médicos, y al parecer ayudó a resolver un caso médico.
Entre los venenos que utilizó Agatha Christie para “asesinar” alrededor de 30 de sus personajes están: arsénico, (soluble en agua caliente, fácil de camuflar en infusiones), talio, estricnina, morfina, monóxido de carbono, fisostigmina (alcaloide tóxico extraído de las habas del Calabar), cicutina, taxina, (alcaloide presente en el tejo) aconitina, atropina, curare, nicotina, ácido oxálico y nitroglicerina. Conocía bien como provocar infecciones bacterianas y el uso de barbitúricos, como el Amytal y Seconal y somníferos como el Trional.
Describió con maestría la administración de fármacos anticolinérgicos capaces de producir cuadros psicóticos a las víctimas. Asimismo utiliza la administración de venenos a dosis bajas con objeto de no despertar sospechas.
El uso del veneno es conocido desde tiempo inmemorial. Sócrates fue condenado a beber cicuta acusado de impiedad; durante el Imperio Romano se empleó como método para asesinar a oponentes políticos. Uno de los grandes enemigos que tuvo Roma, fue Mitrídates VI, el rey del Ponto. Fuerte, poderoso e inteligente, sucedió a su padre a muy corta edad, tras haber muerto este envenenado. Con objeto de evitar que le ocurriese lo mismo, el rey tomaba pequeñas dosis no letales de veneno con objeto de inmunizarse. Este brebaje se conoció como mitridato, y fue el antecedente de la famosa Triaca: polifármaco compuesto por ingredientes de origen vegetal, mineral y animal, incluida la carne de víbora. Fue considerada una panacea universal durante muchos siglos.
El primer tratado formal de toxicología, llamado “Toxicología general” lo escribió Mateo Orfila en 1814, por lo que es considerado el padre de esta ciencia»
La ciencia que estudia los venenos es la toxicología. Aunque Paracelso ya había dictaminado que “la dosis hace el veneno”, el primer tratado formal de toxicología, llamado “Toxicología general” lo escribió Mateo Orfila en 1814, por lo que es considerado el padre de esta ciencia. Nació en Menorca, estudió medicina en Valencia y París. Fue alumno del farmacéutico Jacques Thénard, descubridor del agua oxigenada y el boro, lo cual le ayudó mucho en sus investigaciones. Hoy día la toxicología va más allá del estudio de los venenos, siendo esencial para el desarrollo de medicamentos. La toxicocinética y la toxicodinámica son dos aspectos fundamentales en este campo.
Raymond Chandler, George Simenon, Conan Doyle, Umberto Eco y una larga lista de autores de la literatura negra usan en muchas ocasiones los venenos y la forma de administrarlos. Y lo hacen concienzudamente para evitar errores. La Martindale Extra Pharmacopeia fue el libro de consulta de Agatha Christie.
Raymond Chandler, George Simenon, Conan Doyle, Umberto Eco y una larga lista de autores de la literatura negra usan en muchas ocasiones los venenos y la forma de administrarlos. La Martindale Extra Pharmacopeia fue el libro de consulta de Agatha Christie»
La escritora de lengua inglesa que más ha vendido en el mundo recibió el título de Dama del Imperio Británico en 1971, de manos de la Reina Isabel II con la que cenó en Buckingham Palace. Aunque hace cincuenta años que nos dejó, su legado se encuentra en plena actividad, se estrenan continuamente nuevas series sobre sus libros, y la “Ratonera”, obra teatral, ha cumplido más de 70 años en cartel.
