Formación continuada

Plan nacional de Formación Continuada

Publicado en Nº370 Nº370

El asma se considera actualmente una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas, en la cual intervienen muchas células, en particular mastocitos, eosinófilos y linfocitos T. En individuos susceptibles, esta inflamación produce episodios recurrentes de sibilancia, disnea, opresión torácica y tos, especialmente por la noche o en las primeras horas de la mañana. Estos síntomas se asocian habitualmente con limitación difusa y variable del flujo aéreo, que revierte parcialmente de forma espontánea o con tratamiento. La inflamación produce además un aumento de la reactividad de las vías aéreas tras la exposición a una variedad de estímulos. La presencia de alérgenos, más frecuente en algunas actividades profesionales, el ejercicio, infecciones, algunos fármacos, el reflujo gastroesofágico o factores emocionales pueden actuar como desencadenantes del asma. El tratamiento del asma incluye actualmente varios puntos, comenzando por la información y educación al paciente sobre la enfermedad, el control de la evolución del proceso mediante pruebas de función pulmonar, las medidas higiénicas que eviten los factores desencadenantes, la instauración de un tratamiento tanto a largo plazo para combatir las exacerbaciones y el seguimiento adecuado y regular del paciente.

Entre las alternativas terapéuticas del asma disponemos de broncodilatadores, antiinflamatorios, anticuerpos monoclonales e inmunoterapia con alérgenos específicos. Los broncodilatadores son utilizados para revertir el broncoespasmo, mientras que los antiinflamatorios actuarían sobre la patolo­gía subyacente.

Los broncodilatadores son fármacos utilizados para revertir el broncoespasmo mediante la relajación del músculo liso de las vías aéreas. Sólo tres grupos farmacológicos han demostrado eficacia clínica:

  • Los agonistas adrenérgicos β2, que se clasifican en: no selectivos (β1 2) (isoprenalina), selectivos β2 de corta duración (salbutamol y terbutalina) y selectivos β2 de larga duración (abediterol, bambuterol, formoterol, indacaterol, salmeterol y vilanterol).
  • Los antagonistas muscarínicos (aclidinio, glicopirronio, ipratropio y tiotropio).
  • Las metilxantinas (teofilina y diprofilina).

Los antiinflamatorios pueden resolver una inflamación bronquial preexistente y/o impedir el posterior desarrollo de inflamación en el asma. Dado que estos fármacos son incapaces de revertir el broncoes­pasmo, no son útiles para el ataque agudo. Dentro de este grupo se encuentran:

  • Los corticosteroides, que son los medicamentos antiinflamatorios más potentes y eficaces en el tratamiento del asma. Se administran por vía in­halatoria (beclo­metasona, budesonida, fluticasona, ciclesonida y mometasona) para conseguir un efecto antiinflamatorio lo­cal sin repercusión adversa sistémica. Cuando se necesitan por vía oral se emplean la prednisona, la prednisolona, la metilpredni­solona, la hidrocortisona y el deflazacort.
  • Inhibidores de la fosfodiesterasa de tipo 4 (roflumilast)
  • Inhibidores de leucotrienos:
    • antagonistas de los receptores de los leucotrienos (montelukast y zafirlukast)
    • inhibidores de la síntesis de los leucotrienos (zileutón -no comercializado-)
  • Inhibidores de la liberación de mediadores (cromoglicato, nedocromilo y ketotifeno)

El omalizumab es un anticuerpo monoclo­nal IgG1K con afinidad por la IgE humana. Se sitúa como último escalón del tratamiento del asma y está indicado para mejorar el control del asma cuando se administra como tratamiento adicional en pacientes mayores de 6 años de edad con asma alérgica grave persistente mediada por IgE que presenten test cutáneo positivo o reactividad in vitro a los aeroalérgenos perennes, así como síntomas frecuentes durante el día o desperta­res por la noche, y que han presentado múltiples exa­cerbaciones asmáticas graves documentadas a pesar de utilizar corticosteroides diarios inhalados a dosis altas más un agonista β2 inhalado de larga duración.

La inmunoterapia o vacunación con alérgenos especí­ficos (IAE) es un tratamiento capaz de modificar el cur­so natural de las enfermedades alérgicas. La IAE exi­ge tratamientos prolongados y no exentos de riesgos de reacciones adversas graves. Consiste en la administración pro­gresiva de alérgeno con el fin de crear una tolerancia inmunológica y clínica, de manera que se atenúan las reacciones que tienen lugar al entrar en contacto con las sustancias que producen la alergia, tanto a nivel de respuesta inmediata como tardía.

La terapéutica farmacológica actual del asma se fundamenta principalmente en el uso de fármacos broncodilatadores de corta y/o larga duración de acción, como los β2-agonistas y anticolinérgicos administrados por vía inhalatoria, pudiendo también considerarse el uso de teofilina por vía oral. La utilización de corticoides inhalados solos o en combinación con β2-agonistas de larga duración de acción es también relevante, así como la posible utilización de los inhibidores de la fosfodiesterasa de tipo 4. Sin embargo, ninguno de los fármacos actualmente utilizados en el tratamiento del asma ha demostrado capacidad para modificar favorablemente el deterioro inexorable de la función pulmonar y del estado general del paciente.

Debemos considerar que la terapia inhalada es la de elección en el tratamiento de las insuficiencias respiratorias puesto que permite administrar el fármaco en su lugar de acción, con un inicio rápido de la actividad, consiguiendo una mayor concentración de fármaco con menor dosis y por tanto con una menos incidencia de efectos adversos.

El inconveniente de la terapia inhalada es que precisa del empleo de dispositivos especiales de administración que el paciente debe aprender a manejar adecuadamente: nebulizadores, cartuchos presurizados de dosis controlada, dispositivos espaciadores e inhaladores de polvo seco. En la cumplimentación de la terapia inhalada resulta decisiva la educación al paciente sobre la técnica inhalatoria por el personal sanitario.

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