Nº490
La obesidad es una enfermedad crónica y recurrente que aumenta el riesgo de morbilidad y mortalidad prematura y afecta a casi 900 millones de adultos en todo el mundo. El auge de una nueva clase terapéutica para abordar esta patología, los agonistas del receptor de GLP-1 –aunque inicialmente desarrollados como antidiabéticos–, ha revolucionado el manejo de la obesidad, proporcionando reducciones de peso en ensayos clínicos que alcanzan entre el 15 y el 20 % del peso corporal inicial.
Además, su beneficio terapéutico va más allá de la pérdida de peso, puesto que estos fármacos han proporcionado mejoras en los marcadores y criterios de valoración cardio-metabólicos proporcionales a la magnitud de la pérdida de peso, mostrando notables mejoras a corto plazo en patologías como fibrosis hepática, apnea del sueño, mejora en los resultados renales y reducción en la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Aunque estas mejoras durante el tratamiento son innegables, la duración recomendada del uso de estos fármacos y el mantenimiento del beneficio después de la interrupción sigue siendo objeto de estudio.
Para arrojar luz en este último punto, se llevó a cabo una revisión sistemática y meta-análisis de ensayos clínicos aleatorizados y comparativos no aleatorizados en los que los pacientes fueron asignados a utilizar o no los nuevos fármacos modificadores del peso, tales como semaglutida, tirzepatida o liraglutida, durante al menos 8 semanas y con un periodo de seguimiento mínimo de 4 semanas después de la interrupción del tratamiento. En el brazo control se podía incluir cualquier intervención no farmacológica. La evaluación incluyó un total de 37 estudios clínicos (9341 pacientes; 6322 en brazos de tratamiento y 3019 en el grupo control).
Los resultados, publicados en la prestigiosa revista The British Medical Journal, mostraron una tasa media de recuperación de peso de 0,4 kg al mes (IC95 %: 0,3-0,5) tras la interrupción del tratamiento farmacológico. Además, se estimó que todos los marcadores cardio-metabólicos (HbA1c, glucemia en ayunas, presión arterial diastólica, colesterol total y triglicéridos), volverían a sus niveles basales en 1,4 años después de la interrupción.
La ganancia de peso tras la interrupción fue más rápida en el grupo de tratamiento farmacológico que en el grupo control (que incluía cambios en hábitos y estilo de vida y medidas conductuales), independientemente de la pérdida de peso inicial (se mostraba una diferencia en las tasas mensuales de 0,3 kg; IC95 %: 0,22-0,34; p < 0,001). Además, el tiempo hasta la recuperación de peso a nivel basal fue de 3,9 años en el grupo de control respecto a 1,6 en el grupo de tratamiento farmacológico.
Esta nueva evidencia revela que la interrupción de las intervenciones farmacológicas (entre las que se incluyen los agonistas del receptor de GLP-1), implica una rápida recuperación del peso perdido y la reversión de los efectos beneficiosos sobre los marcadores cardio-metabólicos. Además, refleja la importancia de las medidas no farmacológicas a la hora de abarcar la obesidad como patología y sus comorbilidades, poniendo de manifiesto la necesidad de realizar un abordaje combinado más allá de la farmacología.